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Serranos viven en riesgo socio-ambiental

2017-08-08 HUAUCHINANGO, PUE.- En riesgo socio-ambiental por las condiciones de marginación, el crecimiento poblacional, la proliferación de asentamientos en laderas y ríos, y la deficiente reparación de los daños causados por las lluvias extraordinarias que se han presentado en los últimos 17 años, se encuentran pobladores de la Sierra Norte de Puebla.

Lo anterior de acuerdo con el estudio “Gestión de Riesgo y Gestión de Territorios” elaborado por  Alejandra Toscana Aparicio del departamento de Política y Cultura, de la Universidad Autónoma Metropolitana, quien atribuyó al acelerado crecimiento poblacional en esta región el hecho de que haya más gente viviendo en laderas inestables o peligrosas, lo que ha repercutido en los procesos de remoción en masa (deslaves y derrumbes). “De modo que puede hablarse de que en la Sierra Norte hay un riesgo socio- ambiental”.

Entre los daños que sufre la región cuando ocurren este tipo de fenómenos, apuntó Toscana, se cuentan: desde el deterioro en las viviendas hasta pérdida total de ellas, daños a la salud, pérdida de cosechas, incomunicación por los derrumbes de material en las vías de comunicación, y por siguiente, escasez de alimentos -pérdida de autosuficiencia alimentaria- y para enfrentar las contingencias sólo se cuenta con el apoyo gubernamental, y este se retrasa cada vez más.

Por ejemplo se ha informado de manera extraoficial que será hasta el año 2019, cuando los más de 2 mil millones de pesos de recursos del Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN) llegarán a la zona para atender la reconstrucción de las afectaciones causadas por la tormenta tropical Earl el año pasado.

A la fecha no han podido cubrir las necesidades en la zona devastada y, por ejemplo, apenas se ha construido un 40 por ciento de las 700 viviendas necesarias para la reubicación de las familias damnificadas muchas de ellas decidieron volver al lugar donde tuvieron sus hogares para seguir ocupando los terrenos que las autoridades determinaron como zonas de alto riesgo, en un franco aumento de su vulnerabilidad.

Además nueve escuelas esperan poder ser trasladas y aún pueden verse puentes colapsados y caminos intransitables

Pero lo acontecido en torno a Earl y sus damnificados es sólo el caso más reciente de esta situación que revela que ha habido una deficiente gestión del territorio y los riesgos ambientales en la Sierra Norte de Puebla, una región sujeta al impacto de amenazas naturales que han deteriorado la calidad de vida de la población que en su mayoría sobrevive en condiciones de marginalidad, concluyó Toscana.

Lo anterior, pese a que en los últimos 13 años diversos municipios de la Sierra Norte han sido declarados 14 veces como zona de emergencia como efecto de los desastres naturales que han desencadenado deslizamientos de tierra, rocas y el cambio de cauce en los ríos, de acuerdo con el “Dictamen de Laderas” hecho por el  Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) el año pasado.

“Históricamente –señaló CENAPRED- en la mayoría de los casos de desastre en la región, las lluvias afectaron viviendas, escuelas, carreteras, caminos, ductos de Petróleos Mexicanos, líneas de transmisión eléctrica y casas de salud”, aunque no consignó las condiciones de marginación en las que viven los serranos ni el impacto que han causado megaproyectos como la autopista México-Tuxpan-Tula o el gasoducto Tuxpan-Atotonilco de la empresa Gasomex y atribuyó la inestabilidad de la zona a la existencia de drenajes en las laderas, a la deforestación, a la construcción en lugares blandos y al asentamiento en zonas de alta pendiente o en sitios donde existe un cauce natural de corrientes.

En el recuento hecho por el organismo a propósito de la tormenta tropical Earl, tampoco se consideraron las afectaciones causadas en la región por la Depresión Natural número 11, que en octubre de 1999 dejó cicatrices en sus 5 mil kilómetros cuadrados y desencadenó un proceso de inestabilidad en las laderas que, asociado a los impactos causados por el anárquico crecimiento de las ciudades, la construcción de los megaproyectos, la deforestación y la transformación de bosques en maizales, han aumentado el peligro para los pobladores ante la presencia de los fenómenos hidrometeorológicos, según el documento “Proceso de Remoción de Masas en la Sierra Norte de Puebla”, elaborado por académicos de la UNAM.

De acuerdo con este estudio, las 48 horas de lluvia registradas en el décimo mes de 1999 cambiaron el paisaje serrano al grado de que se formó un lago en la comunidad de Benito Juárez en Chiconcuautla, un año después surgió una caverna, hubo cambio en el cauce de los ríos como en Tzizicazapa en Tlaola, emergieron nuevos barrancos y, surgieron otros, laderas arriba.

Para el equipo que hizo el estudio, la denominada “Tragedia de la Década” fue un parteaguas en cuanto al número -más de 4 mil- y al volumen de los movimientos de tierra que se dieron en zonas deforestadas y en carreteras; y permiten explicar la creciente cifra de daños y víctimas en los  desastres naturales que han afectado esta área de la Sierra Madre Oriental y la amenaza que representa para sus pobladores la llegada de estos fenómenos naturales.

Los especialistas, sin embargo, erraron en el periodo de retorno – la frecuencia en que se presenta un evento extremo- pues calcularon que se repetiría en 30 años para Teziutlán y 40 para Zacapoaxtla y Huauchinango: el paso devastador de la Tormenta Tropical Earl, hace un año, se encargó de desmentirlos. 

 

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