Promover, fortalecer y desarrollar nuestras lenguas originarias, tarea pendiente

2017-02-21 Cada año, el 21 de febrero recordamos a las lenguas maternas en memoria de los hablantes del bengalí, cuando un grupo grande de ellos fueron masacrados en una manifestación en el año de 1952, por pedir derechos culturales y lingüísticos, y que su idioma materno fuera también lengua oficial en Bangladés.

totonacos leyendo

En nuestro país se canta, se dice poesía en náhuatl, en zapoteco, en otomí, pensando que el día es dedicado solo a las lenguas originarias, las que estaban presentes antes del contacto indoeuropeo. Pero el español también es lengua materna. De hecho, todos los idiomas son maternos, han existido por la transmisión intergeneracional, son las que adquirimos naturalmente en la infancia; con la que nos criamos, la que socializamos, con la que empezamos a conocer el mundo y es la base de nuestros pensamientos. Muchos tienen la oportunidad de adquirir dos o más lenguas maternas, pues son hijos de matrimonios mixtos o viven en ambientes bilingües, como el caso de muchos de nuestros niños de las comunidades quienes adquieren simultáneamente dos o más idiomas.

En nuestro país, la fecha ha dado especial énfasis en las lenguas minoritarias, originarias, indígenas. Pues son las que se encuentran en desventaja frente al idioma oficial, el español. Veamos unas cifras: En el mundo se hablan poco más de 7 mil lenguas, no obstante el 96% de esos idiomas son hablados sólo por el 4% de la población total. Nuestro país ocupa el quinto lugar mundial por diversidad lingüística y el primero en América. No obstante sólo el 8% de habitantes de nuestro país habla una lengua originaria.

En México es conocida su gran diversidad lingüística pero poco valorada (más de 360 variantes lingüística según el Instituto Nacional de lenguas indígenas, INALI), pese a que lenguas como el cucapá o el kiliwa están en su fase moribunda, pues prácticamente ya no se trasmite la lengua y hay poquísimos hablantes.

En el estado de Puebla se hablan 7 lenguas originarias (náhuatl, totonaco, otomí, tepehua, mazateco, mixteco y popoloca) y dos lenguas tardías (español y véneto). Es la lengua tardía, el español, el que recibe todo el apoyo institucional, pero por otra parte también el inglés, pues se enseña como lengua extranjera en la mayoría de las escuelas de educación básica.  

niña náhuatl leyendo

La diversidad lingüística de Puebla no ha recibido la atención debida. Es más, es desdeñada en todos los niveles de gobierno. Sólo son mencionadas en actos folklóricos como monumentos y piezas de museo. No están representadas en internet ni en televisión. Y lo más alarmante, no son usadas como lenguas de enseñanza en la educación básica en aquellas comunidades donde los niños tienen una lengua originaria como su lengua materna.

En Huauchinango los hablantes de náhuatl y totonaco, representan cerca del 40% de la población total. Pese a esta cifra, no hay política lingüística local. No existe señalética en náhuatl ni totonaco, no hay hablantes de estos idiomas en los bancos ni en las dependencias municipales que atiendan en su idioma materno a la gente que acude a solicitar algún servicio. Aunque hay pequeñas iniciativas locales, los idiomas originarios siguen desvalorizados, casi negados. Pues son considerados “dialectos” de poco valor. Y son usados solamente en los hogares, en los espacios íntimos y en la comunicación comunitaria.

Pocos se atreverían a decir que por ejemplo las palabras “Huauchinango”, “México”, “tequila” o “chocolate”, provienen de un “dialecto”. Por otra parte, muchos hablamos el español con préstamos lingüísticos del masehualli, nombre con el que designan muchos hablantes al náhuatl: escuincle, tomate, chipotle, petate, chante, molcajete, chile, pilcate, xoquía, pinole, mezcal, tequila, aguacate, tlacoyo, tamal, quelite, jitomate, tecolote, cacahuate, metate, chiltepín, mole, coyote, zopilote, papalote, achiote, atole, chicle, amate, guajolote…, etc., por mencionar sólo algunos. Con estas transferencias, el náhuatl vino a enriquecer el léxico del español.

La diversidad lingüística de Puebla y Huauchinango debe ser considerada como riqueza cultural. El que existan varias lenguas en la región no debe seguir siendo considerado como un impedimento para la comunicación, sino como un patrimonio intelectual e intangible.

Sirva este día nuevamente para recordar la deuda que tenemos con las lenguas originarias, sus hablantes y sus luchas.  Pues hace falta una verdadera política lingüística que revitalice, mantenga y desarrolle el plurilingüismo. Pues pocas veces se ha puesto atención a la promoción del bilingüismo como eje de desarrollo local. A la recuperación, visibilización y promoción del náhuatl y del totonaco, pero también del tepehua y del ñuhú. Tanto a nivel local, como regional y nacional

Las tareas y deudas que tenemos pendientes son: La creación de un Instituto estatal y local de lenguas originarias, la presencia de las lenguas originarias en los medios de comunicación. El uso en la enseñanza, la difusión de la literatura vernacular, creación de libros técnicos y especializados, la estandarización de alfabetos, el uso de las lenguas en ámbitos oficiales, la difusión de la ley general de derechos lingüísticos en todas las comunidades. Faltan también acciones de revitalización en lugares lingüísticamente marginados, la producción de materiales, la verdadera formación de intérpretes y su actividad realizada en cárceles, tribunales, juzgados, etc.

Ahora que Huauchinango tiene el nombramiento de pueblo mágico, sería algo digno de reconocimiento que contara con un buen proyecto de paisaje lingüístico, tanto en náhuatl como en totonaco. Eso sería el principio de un reconocimiento a la diversidad y a sus pueblos, Pero también sería un atractivo más para los visitantes, pues la visibilización de su riqueza lingüística ayudaría en gran manera a su valoración.

Termino finalmente con la idea de la desarrollo del bilingüismo, idea que sí está presente en muchas comunidades, tal como me lo comentó amablemente un hablante del náhuatl:  Inon in totlahtol in tocolhuan, nehhua nicnequi nicmatis yec in mexicatl huan noyojque in castillatlahtolli, tleca tiisquisa cani tiohue quinequi ma momati, toahtolos ijconon, cualli tictlatlani itla tlen techpoloa oticnequi huan tlahmo ic timotlacohuisque. Es la lengua de nuestros antepasados. Yo quiero aprender bien el mexicano pero también el español; porque cuando salimos a alguna parte necesitamos saber hablar el español. Por ejemplo cuando queremos algo que nos falta, o incluso para comprar lo que necesitamos.

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