Ningún cuacuileño ha sido deportado de EU

2017-03-01 HUAUCHINANGO, PUE.- Pese a la política migratoria que se aplica en Estados Unidos, hasta el momento no se han recibido a migrantes que hayan sido deportados a México en la junta auxiliar de Cuacuila, localidad de Huauchinango que exporta la mayor parte de la mano de obra al país vecino, aseguraron las autoridades.

Desde que inició el gobierno de Donald Trump en algunos pueblos expulsores de mano de obra se temía que iniciara de inmediato la deportación masiva, como se ha difundido en los medios de comunicación.

En el caso de Cuacuila, junta auxiliar indígena náhuatl de Huauchinango, cerca del 20 por ciento de sus tres mil pobladores ha viajado a trabajar a Estados Unidos y hasta el momento ninguno de ellos ha sido expulsado, así lo aseguró el presidente auxiliar Eugenio Pérez Ahuacatitla.

Destacó que la gente que sale de la comunidad habita en distintos estados de la Unión Americana, como Nueva York y California, donde se emplea en restaurantes como lavaplatos, ayudantes de cocina o en la industria de la construcción.

Pérez Ahuacatitla expresó que cuando los connacionales de Cuacuila regresan por su voluntad a su tierra natal, aprovechan que “traen algo de economía e inician un negocio de venta de frutas y verduras o algún otro comercio debidamente establecido y si ven la necesidad otra vez, emprenden el viaje a los Estados Unidos para recuperarse”.

Hasta hace algunos años, la comunidad de Cuacuila se caracterizaba por sus casas en madera con una carpintería rustica, con techos de una o dos aguas que han cambiado de manera notable.

Ahora, las construcciones donde viven muchas familias son de mampostería, con ventanales de aluminio y cristales, con servicio de internet que aprovechan para conectar a su televisor inteligente y se comunican vía remota con sus hijos o esposos que están al otro lado de la frontera.

En el pueblo, ubicado al sureste de la cabecera municipal, los efectos de la mezcla cultural se expresaron rápidamente no sólo en las comidas: mientras había cada vez menos hombres, sus mujeres no dejaron de bordar el pepenado y hacer tamales para vender.

La migración permitió que la iglesia de la comunidad, una vieja construcción de adobe con su torre inclinada dedicada a la virgen de la Candelaria, que hace que nada envidiemos a la de Pisa, conviva con una moderna y circular construcción con grandes vitrales de colores y varios portones de maderas preciosas, que financiaron los que se fueron a Phoenix.

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