Doña Salomé, una guardiana del bosque

Por LETICIA ÁNIMAS VARGAS

2018-03-07 HUAUCHINANGO, PUE.- Luego de pasar por La Garganta del Diablo en una angosta y serpenteante carretera, se llega a la casa de doña María Salomé García Justo quien, por si algo le faltara por hacer, sumó a sus tareas domésticas, al cuidado de sus hijos y la apicultura, la de monitorear a las especies de flora y fauna silvestre en la barranca de Patla, la zona mejor conservada e inaccesible del Área Natural Protegida Cuenca Hidrográfica del Río Necaxa.

Doña Salomé tiene dos hijos, y junto con su esposo, atienden un pequeño cafetal y un apiario ubicado en un terreno de su propiedad. Desde que era niña, cuenta, aprendió que a hay que respetar a los animales y las plantas, porque nada está demás en la naturaleza. “Hasta una araña o un gusano, tienen su razón de ser” para lograr el equilibrio en un ecosistema.

Dicen los biólogos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas-Río Necaxa (CONANP) que el abrupto paisaje de la barranca es una “zona de transición” entre el bosque mesófilo, el de pino encino y la selva mediana y alta perennifolia, es decir que el lugar siempre tiene un verde intenso y es también uno de los sitios en que se produce más niebla y el agua brota entre las piedras y llega al pie de las montañas en largas cascadas.

Además se pueden encontrar hasta 700 especies de mariposas, decenas de variedades de orquídeas, helechos arborescentes y se puede observar a la rana jaspeada, el tlaconete de manchas negras, la lagartija cornuda de montaña, la culebra parchada, el clarín jilguero, el zorzal la corona negra, también hay faisanes, tucanes, pericos, serpientes como la nauyaca y la coralillo, jaguares, ocelotes, jaguarandi y en la ribera baja del afluente hay nutrias, una especie en peligro de extinción.

Así que aquí hay mucho que reconocer, clasificar, monitorear y cuidar.

Primero de manera espontánea, luego de la mano de la CONANP y con mayor capacitación, al grado de que doña Salome menciona a las especies por su nombre científico, han logrado registrar con fotografías y todo 15 especies de insectos, 48 de mariposas, se identificó a la coralillo verdadera cuya presencia en la región se ratificó hace poco y se le conoce como “rabo amarillo”, además 27 especies de aves, dos mamíferos y nueve especies de hongos y 50 especies de orquídeas.

En el cuidado y monitoreo de la nutria, aprendió a distinguir una huella de otra, por ejemplo, explica, las nutrias tienen una membrana entre los dedos y eso la diferencia del tejón, el armadillo o de un mapache.

“Ya sabíamos que en la barranca había nutrias. Entramos al programa de conservación. Buscamos huellas, excretas y la especie sigue existiendo aunque disminuyó la población con la crecida del río Necaxa, pero sigue habiendo”.

Cuenta que llegó a vivir en este lugar hace 20 años. Aquí la trajo su esposo y desde entonces, sonríe, vive escuchando aves, coaties o tejones, observando insectos, mariposas, reconociendo víboras, felinos, etcétera.

Esta mujer que no para de trabajar, se considera afortunada de vivir en un sitio con gran riqueza natural. Seguro, afirma, los animales también ya se han acostumbrado a su presencia.

De tanto observarlos ha llegado a la conclusión de que en la Tierra nadie ni nada está demás, todos somos uno y la naturaleza tiene sus propios controles, por ejemplo: “vemos a los armadillos, cuando se encuentran alguna víbora venenosa se la comen. Si no hubiera armadillos abundarían los maguaquites que son serpientes venenosas y ellos hacen que la población disminuya porque tienen de 50 a 60 crías que son peligrosas desde chiquitas. Igual los tucanes se alimentan de víboras o polluelos de otras aves, pero como una forma de control no de depredación.

Así que además enseña a sus vecinos, sobre todo a los niños, a convivir con las especies, a que las respeten. “Cuando los veo apedreando a las serpientes les pregunto que si a ellos les gustaría que viniera un gigante y los golpeara. Yo quisiera que desde chicos aprendieran a proteger la vida”.

Somos parte de la naturaleza, pero no la sabemos tratar como se debe, asegura doña Salomé, mientras planea sembrar más árboles frutales para que los animales se puedan alimentar y ella siga teniendo el privilegio de seguir escuchando a las aves en la mañana y ver a las nutrias juguetear en el río.

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