LAS TEMAQUIXTIANI

Por René Esteban Trinidad

Durante muchos años las temaquixtiani o las parteras, asumieron un papel fundamental en los nacimientos en la Sierra Norte de Puebla. Diversos factores influyeron para que estas especialistas, fuera sustituida por los médicos y las enfermeras. En el presente escrito a través de datos etnográficos dibujaremos brevemente a las temaquixtiani, que, al parecer a principios de los noventas, fue cuando se dejaron de contratar sus servicios al menos en Cuacuila.

Según nos han narrado, las parteras obtenían el saber mediante la observación y la práctica, es decir, se iniciaban como ayudantes de parteras y posteriormente se reconocían como temaquixtiani.  La otra forma de adquirir el saber era a través de las revelaciones oníricas, es decir, “tenían que soñar con niños juguetones”, los infantes también se manifestaban físicamente: “a veces le jalaban los cabellos a la futura partera”. Una partera nos narró: “las que vienen para trabajar como parteras sueñan con niños y niñas. Sus pies son muy grandes”. La curandera, describe a los infantes como “patones”.  Al tratar de profundizar sobre los niños que se aparecen en los sueños, la partera señaló, que son los espíritus de los niños que viven en Pilhuacampa.

En el altar de pilhuacampa y la mujer embarazada, enero 2016. (Foto René Esteban Trinidad)

Pero veamos, Pilhuacampa es un lugar real, se ubica en el interior de una cueva al que llaman Xochitepec “cerro florido” es una cueva muy emblemática en el que asisten curanderos nahuas, otomíes y totonacos. El altar de Pilhuacampa podemos interpretarlo como: “donde abundan los niños” o “donde una persona tiene a los niños”, ese era el lugar que acudían las parteras para suplicar y solicitar a las deidades nahuas su intervención en la gestación. Habitualmente rezaban para que “no se cruzara el bebé durante su formación”. En la actualidad, en Pilhuacampa sólo acuden los curanderos para suplicarle a las deidades que intervengan a través del médico para no haya contratiempos, también suplican a las deidades por las personas que no pueden procrear, “allí se les pide a las encargadas de la mesa” que son llamadas naname o “madres”. En ese lugar, existe una piedra que tiene una figura de una mujer embarazada al que realizan depósitos rituales cada vez que solicitan algún favor. 

Al principio de los noventas, dos mujeres de Cuacuila, doña Ángela Silviano y doña Guadalupe Tlaltenanguera (nunca supe su apellido, Tlaltenanguera por su lugar de origen), fueron las últimas que se encargaron en ayudar a parir a las mujeres nahuas. Con un procedimiento poco conocido en la actualidad, en el tenían que amarran un lazo a un costado de la cama para que la parturienta tuviera en que sostenerse. Posteriormente, la partera tenía que golpear a la puérpera en la cintura con unos zapatos o huaraches y meterle toda la trenza del cabello en la garganta, de esta forma la embarazada “le diera asco” y por las contracciones, expulsara al niño y a la placenta o itehuical. Las que acompañaban en el parto eran la ayudante de la partera, la madre y la suegra de la parturienta. Posteriormente la temaquixtiani cortaba el ombligo o ixic y le pedía al progenitor que lo colgará en la parte más alta de la casa o en el árbol más alto, los nahuas mencionan que así “el recién nacido no le temerá a las alturas y logrará subir a los árboles más altos”, en seguida, preparaban el temazcalli para bañar al recién nacido y a la madre, los baños eran cuatro o siete veces, nos decía una curandera: ihconon huaqui imin tlazochihuil “así se seca su sangrado”.

En la actualidad, pueblos como Cuacuila nadie nace con la ayuda de una partera, asisten a la clínica del pueblo, al Hospital General de Huauchinango o algún Hospital particular a pesar de las transformaciones sociales, hay una resistencia cultural, dado que algunas puérperas siguen utilizando el temazcal y siguen colgando los ombligos de sus hijos en las azoteas de sus casas. Por otro lado, con las parteras tradicionales no se terminaba el ciclo con el alumbramiento, pues se encargaban de lavar la ropa, ayudaban en los roles domésticos de la parturienta, y por supuesto toda la atención durante el ompualiztli o la cuarentena.

 

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