¡Es que no entienden, son bien necias! -Tragicomedia-

(primera parte)

1er acto: ¡Y otra vez la burra al trigo…

La obra puede ser montada (escenificada) en cualquier lugar del país o donde quieran limpiar el primer cuadro de la ciudad para que se vea bonito (dar una buena imagen), para atraer el turismo o porque la “sociedad lo requiere”. De preferencia donde exista alta población de indígenas, y antagónicamente: desempleo, marginación y discriminación. En esta ocasión situaremos la acción en la Ciudad de las Flores (del Moho, de las Apariencias, de la Impunidad…) Huauchinango de Degollado, Puebla, México.

Escenario. Para mayor realismo se aconseja realizarla en escenarios al aire libre, ejemplo: Los alrededores del Mercado Municipal, comunidades aledañas, la Explanada 5 de Mayo.

Personajes:
 Comerciantes ambulantes (de preferencia que sean indígenas y/o mujeres, de todas edades) esta ocasión nuestras protagonistas sí tienen nombre: PASCUALA ATENCO, ALBERTA TECORRALCO, LUISA LÓPEZ y ESPERANZA CRAVIOTO
 Compradores (conocidos como marchantes)
 Presidente Municipal (de cualquier corriente política o partido. Eso es lo de menos)
 Defensores de Derechos humanos (y también defensores de quienes cometen arbitrariedades)
 Director de comercio y abasto (que no tenga soluciones ni (R)remedios)
 Dirigentes de comerciantes (engañados)
 Ex presidentes municipales (algunos pueden seguir con cargos públicos)
 Policías (o para darle mayor dramatismo se pueden utilizar granaderos)
 Buitres, lob@s y hienas al acecho

Escena 1 (2, 3…1,000). Por la mañana, arriban de comunidades aledañas al municipio de Huauchinango mujeres indígenas con sus cubetas, chiquihuites, ayates llenos de elotes, chiles, chayotes o lo que se dé en la temporada; con la esperanza de vender sus productos para sacar 50 o 70 pesos, y así poder -no comprar lo indispensable-, sino más bien lo que alcance. Algunas por la situación tan precaria traen a vender ‘huevo de rancho’ para comprar ‘huevo de granja’, o una gallina para comprar algo de pollo, aunque sea retazo. En su venta, se topan con todo tipo de gente y gentuza, desde los que les compran los productos, hasta los que las agreden y humillan; por se indias, (los términos sí son peyorativos) por ser ‘prietas’, por ser mujeres, por ser pobres, por no hablar bien el español. Y no faltan los clientes que piensan que con comprarles les hacen un favor.

. — ¡Tamales, moras, frijol tierno, flor de calabaza, elotes! (comienza a pregonar ALBERTA TECORRALCO desde que pisa el poblado. Lleva al pequeño JUANITO en la espalda y envuelto con un rebozo azul. Ella tiene aproximadamente 30 años y cuatro hijos que mantener. Su esposo es alcohólico y cuando le llega algún programa social (a ella), el tipo le quita el dinero para continuar tomando y sino se lo quiere dar, la golpea). — No gracias, ahorita no (se escucha una voz amable).

. — ¡Cacahuates, durazno! (canta PASCUALA ATENCO en otro extremo de la ciudad) –Que no, ya te dije. ¡Cómo son necias! (contesta alguien, que no se ve, pero sí se oye y lastima. La comerciante ante las ofensivas, o hace caso omiso, o se retira, o ni se acongoja. No se sabe).

Mientras ALBERTA Y LUISA LÓPEZ llegan al primer cuadro, específicamente al Mercado municipal, y depositan sus productos en el piso. PASCUALA sigue ranchando por el centro y/o alrededores de la zona.

. — Siento algo que me quema por dentro, acá en mis piernas, nomás me echo a andar y siento bien feo (se queja con un marchante doña PASCUALA. De 50 años aproximadamente, rostro curtido, pies marchitos y dedos distanciados).

— No me dan Oportunidades porque no tengo acta de nacimiento, mi mamá no me registró de chiquita. Cómprame marchante (insiste) tengo que pagar mi luz porque ya la cortaron (muestra un recibo donde se lee que debe cuatro meses).

— No he ido al doctor porque no tengo dinero, y la medicina está muy cara, no me alcanza (contesta a la pregunta, de si ya se está tratando su mal).

En el Mercado municipal el hijo de ALBERTA se empieza a atemorizar. A lo lejos, se ven venir unos policías. LUISA levanta su nailo y se retira inmediatamente, corre calle arriba, lo mismo hacen otras mujeres.

— Ya les dijimos que se quiten. ¡Cómo son necias! (dice amenazante uno de ellos). — Órale, levanta tus cosas o te llevamos a la comandancia (autoritario dice el compañero del otro. El niño comienza a llorar. ALBERTA hace que no lo oye). — Órale tú, “María”, ya te dije, quítate o te llevamos a la comandancia. (ALBERTA cabizbaja se quita y prosigue su camino, recuerda aquella vez cuando se la llevaron a la comandancia y le exigieron pagar una multa de 100 pesos para poder devolverle sus productos). — ¿De dónde voy a sacar dinero, si apenas y vendemos? (se quejó). — Nosotros les avisamos de que se quitaran (dijo el Director de Comercio y Abasto). —Yo no estaba ese día. Entonces regrésenme mis elotes (suplicó). – No te los vamos a regresar, los vamos a hacer esquites (dijo burlón uno de los policías).

ALBERTA vuelve en sí, una lágrima rueda por su mejilla. Tiene que luchar y sabe que en cuanto se vayan los jenízaros tiene que volver a ponerse, hay que comer. Los tipos continúan acosando, hostigando, y violentando física y psicológica a las mujeres. A un costado de la angosta calle, se divisa a una anciana que se convierte en algo menos que una sombra y se hace caber en un espacio (afuera de un local) menor a un metro cuadrado, con todo y su cilantro, chilacayotes y guías de chayote.

. — ¡Ay éstas!, ¡cómo estorban! si ya les dieron lugar (en la Explanada 5 de Mayo) ¿qué más quieren? (dice una ‘pudiente dama’ a su hija de secundaria. Ellas van a bordo de una voyager gris. Provienen de un Colegio de Monjas). — ¿No me compra flores? (ofrece ESPERANZA, joven de 13 años, que no pudo estudiar por falta de dinero. La mujer que va al volante hace muecas, tuerce la boca y sube inmediatamente el vidrio). — ¡Ay mamá!, ¡cada vez hay más “nacos” en Huachi! (dice la estudiante mientras se come sus sabritas).

La camioneta se retira, ESPERANZA la sigue con la mirada. ¿Alguna vez, podré subirme a una de esas? sueña rápido y quedito, mientras es despertada por el pitido de otro auto. La joven se hace a un lado y continúa ofreciendo su producto. – ¿No me compra usted mis flores?… (Lánguidamente se va cerrando el telón hasta que atardece) ioscoatl@hotmail.com