¡Qué va a ser!

…Pensándolo bien pocos han de tener ganas de esto. Y ponle que tengas ganas. ¿Te animarías viendo de lo que se trata? ¿Y más si va en serio? Creo que no. Porque esto es algo serio. Es, cómo decirlo, definitivo. Pasa y no hay vuelta atrás. ¡Qué vas a animarte! No creo ni que tengas ganas ni que te animes. ¿O sí? Yo sigo en que no. Pero, órale, vamos a suponer que sí, que tuvieras las ganas y que te animaras. Pues aun así no podrías sentir lo que yo siento. Y es que dicen que cada cabeza es un mundo. Puede que sí, que cada cabeza sea un mundo. Pero también cada piel es un mundo. Y no puedes ver por mis ojos ni oler por mi nariz. Y menos así como están las cosas. ¿O a poco sentirías lo que yo siento? Yo digo que no. ¡Qué vas a sentir lo que yo siento! Porque lo mío es diferente. No vayas a creer que se trata nada más de la piel o de los ojos o la nariz. Hay algo más. Y no se trata de que te pongas a imaginar lo que te han dicho: que nubes y estrellas, que frío y oscuridad. No, te digo que no creo que puedas sentir lo que siento, por más que te imagines que el silencio se llena de pájaros negros o que las estrellas huelen a tristeza pesada o que la tierra circula por tus venas. Te digo que es diferente, que no puedes imaginarlo. Pero no pienses que me creo lo máximo. Así que órale, vamos a suponer que tienes ganas, que te animas y que sientes lo que yo siento. Pues con todo y eso va a pasar lo mismo, no va a ser lo mismo que para mí. Podrás imaginar que te miras y cómo te ves. Pero de ahí a que imagines lo que yo siento… ¡Qué va a ser igual! ¡Cómo canijos vas sentir lo mismo! ¡A poco eres un fiambre como yo!